martes, 6 de diciembre de 2011

Una Realidad que Duele

En Puerto Rico es una realidad de todos los días ver a personas sin hogar en las calles. En muchas ocasiones le prestamos atención y en otras no tantas. No sé si es la indiferencia que han creado las circunstancias sobre este temas o si es que tenemos tanto en que preocuparnos que los mas importante se vuelve secundario. Las raíces de esta situación pueden ser muchas, pero el punto es que son muchas las personas afectadas por estas condiciones. Tenemos que comenzar a crear más conciencia. Es hora de conocer nuestra realidad y comenzar a enfrentarla.

Una Persona Sin Hogar (P.S.H.) puede ser un individuo o familia, que no cuenta con los recursos familiares o comunitarios que por diversas razones: personales, económicas y/o sociales, no ha podido proveerse a sí mismo una residencia fija y adecuada en donde vivir. Las personas de diferentes clases sociales, niveles de escolaridad, creencias religiosas, raza, condición de salud física o mental, genero, edad, orientación sexual, nacionalidad y estado civil, pudieran convertirse en personas sin hogar ya que nadie está exento a deambular y esta no discrimina. Estas personas pueden pernoctar en casas o edificios abandonados, debajo de puentes, automóviles, plazas públicas y hasta en cementerios.

Ahora mira al techo, tienes uno en el que te cubre, tienes muchas cosas accesibles en la que quizás con frecuencia te quejas y son las que cubren tus necesidades como: agua para bañarte y beber: la desperdicias, tienes abrigo o con que cubrirte:te quejas si no es no es de marca, tienes un pedazo de comida para comer: pero si le falta algo o esta fría o muy caliente la botas, tienes cerca familiares, amigos, vecinos, pero no los valoras: solo insultos y no das mucho amor. Mientras, hay muchas personas que darían lo que fuera por tener aunque sea tan solo una de las cosas que tú tienes y “disfrutas”; más aún estas personas reciben maltrato, humillación y desvalorización de muchas personas con igual derecho que ellos, pero la única diferencia es que no cuentan con las mismas facilidades y condiciones de vida de los que tienen la oportunidad y/o privilegio. La Carta de Derechos de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico encuentran reconocidos los derechos civiles que aplican a todas las P.S. H. como: derecho a albergue adecuado, recibir servicios nutritivos, atención medica, recibir orientación y acceso a todos los beneficios y servicios públicos, recibir protección contra cualquier tipo de maltrato o abuso a su integridad física o mental, entre otros.

Podemos ayudar a estar P.S.H. directa o indirectamente como: comenzar por educarse a sí mismo para concienciar a otros, utilizar un lenguaje apropiado para identificar a las P.S. H. y no llamarles: “tecato”, “loco”, “vago”, “apestoso” y toda esa lista que si sigo no termino. Es mejor dirigirse a las P.S.H. con respeto promoviendo así su dignidad y haciendo valer sus derechos. La deambulancia es una condición que puede afectar a cualquier persona así que por favor evitar ignorar, humillar y gritar a estas personas. Denunciar cualquier agresión contra estas P.S.H., apoyar a personas, organizaciones, instituciones o corporaciones que promuevan la responsabilidad social a través de actividades de recogido de ropa, alimento o artículos de primera necesidad y/o ofrecer de su tiempo de manera voluntaria a organizaciones que brinden asistencia o apoyo para estas personas que tanto lo necesitan. Así te que invito a que veas el video: El semáforo de Alex Zurdo.

Mi Isla

Cuando pienso en Puerto Rico, es inevitable que me dé emoción en el corazón. Esta es mi isla, donde nací y me criaron. Este pedazo de tierra junto a su gente, las costumbres y lo que vivo día a día son parte de mí. Hace unos días hablaba en la casita sobre la bandera de mi isla. Debatíamos si Puerto Rico fuese estado ya no ganaríamos concursos académicos, de belleza, medallas o lo que fuese, porque estaríamos representando a Estados Unidos. Les soy bien sincera, eso no me gusta para nada. Fue entonces cuando comprendí cuanto amo a mi Borinquén.

Al llegar a la universidad yo sabía que vivía en Puerto Rico (obviamente), pero lo que pasara no me interesaba mucho. Lo que los puertorriqueños lograban eran logros de cada cual que para mi eran indiferentes. Sin embargo, ahora la universidad, la vida, las amistades (y no sé que mas haya influido) han ido creando en mi ese sentido de pertenencia. Ahora me emociona saber de lo que somos capaces los puertorriqueños y de lo que cada uno logra. Cualquiera diría que vivo en Disney.

Por otro lado sé en lo que Puerto Rico falla. Además estoy consciente de la realidad que vivimos, que aunque me da coraje, también me siento con las “manos atadas” al no poder hacer mucho. El gobierno de este país con todo el respeto que se merece (si es que se merece alguno), se ha dedicado a destruir nuestra isla. La opinión de los puertorriqueños no importa. Los planes a seguir ya los tienen estipulados aunque destruyan la isla. Y para completar ya comenzaron la campaña política, en la cual se gastan un montón de millones; pero para eso hay dinero y mucho. A los político de hoy día (todos los que no sirven) hay que darles unas vacaciones permanentes.

Unos dicen que la criminalidad ha bajado. ¿Dónde? Que las cosas van a mejorar. ¿Cuándo? Que lo que hace falta es una persona que controle esto. ¿Quién? Otros alegan que lo que se necesita es un buen plan de acción. ¿Cuál? Me canse de que las personas en el poder sigan diciendo que estamos mejorando, que la cosa se va a poner mejor, que no hay de qué preocuparse y yo no vea ningún resultado. Si no lucha por los derechos (como en la universidad) somos terroristas. Si no hacemos nada, nos siguen pasando por encima. Entonces ¿Qué ¡@#$% vamos hacer?

A nosotros los universitarios no nos queda otra salida más que unirnos en una sola voz y demostrar que el futuro del país puede cambiar. Que aunque nos hagan la vida imposible, cuando la universidad cada vez es más cara y las facilidades físicas son peores, nosotros estamos decididos a educarnos. Que somos muchos y mucho más inteligentes que ellos (los líderes políticos).

Vivo en lo que era la isla del encanto. A veces, no lo puedo negar, me da miedo andar solita. Sin embargo, creo en nuestra gente y amo mi isla. Hay verdades que duelen, pero eso no quita el amor a la patria. Te Amo, Puerto Rico.